Encontramos una mancha con olor a combustible, tomamos una muestra, la mandamos al laboratorio. Y aparece inmediatamente la pregunta: ¿qué pedimos analizar?
TPH, BTEX, hidrocarburos, metales, volátiles, PAH. La lista puede crecer rápido y encarecer el trabajo sin mejorar la respuesta. Porque elegir correctamente los análisis no consiste en pedir todos los parámetros disponibles, sino en entender qué producto pudo liberarse, dónde ocurrió y qué queremos demostrar con la muestra.
El error de empezar por el laboratorio
Cuando se investiga una posible contaminación con hidrocarburos, es tentador arrancar pidiendo una lista estándar de análisis. El problema es que una estación de servicio, un derrame de gasoil, un depósito de lubricantes y una pérdida histórica de nafta no generan el mismo escenario, ni química ni hidrogeológicamente.
Antes de seleccionar el paquete analítico conviene reconstruir qué producto estuvo presente y durante cuánto tiempo, dónde estaba almacenado, cuánto pudo liberarse, qué tipo de suelo existe en el sitio y a qué profundidad se encuentra el agua subterránea. Ese modelo conceptual es el que debería orientar al laboratorio, y no al revés.
TPH: una primera mirada, no un diagnóstico
Uno de los parámetros más utilizados es TPH, sigla de Total Petroleum Hydrocarbons, hidrocarburos totales de petróleo. Es útil como indicador general de presencia de hidrocarburos derivados del petróleo, y suele ser un buen punto de partida.
Pero el TPH no representa una única sustancia: agrupa distintas fracciones de hidrocarburos bajo un mismo número. Por eso conocer solamente un valor de TPH no siempre alcanza para interpretar un sitio. Dos muestras con concentraciones similares pueden tener composiciones y comportamientos muy diferentes según el combustible involucrado, el tiempo transcurrido desde la pérdida y las condiciones ambientales del lugar.
BTEX: los compuestos que más pesan en combustibles livianos
Cuando hay presencia o antecedentes de naftas, adquieren particular importancia los llamados BTEX: benceno, tolueno, etilbenceno y xilenos.
Son compuestos aromáticos que pueden presentar mayor movilidad que otras fracciones de hidrocarburos, y por eso resultan especialmente relevantes cuando existe posibilidad de migración hacia el agua subterránea. El Decreto Nacional 831/1993, reglamentario de la Ley 24.051, incluye niveles guía ambientales para varios de estos compuestos tanto en agua como en suelos, diferenciando usos y medios.
Eso no significa que una tabla nacional pueda aplicarse automáticamente a cualquier caso. Los criterios de evaluación deben verificarse según la jurisdicción, el uso del suelo, el receptor considerado y la normativa aplicable al sitio concreto.
Y los hidrocarburos más pesados
Cuando el problema está asociado con gasoil, aceites o productos de mayor peso molecular, puede ser necesario mirar otras fracciones. En determinados escenarios también resultan relevantes los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), además de una caracterización más detallada de las fracciones de hidrocarburos.
Acá la historia del establecimiento vuelve a ser decisiva. Una estación antigua que además tuvo lubricentro, almacenamiento de aceites usados o talleres tiene fuentes potenciales distintas de una estación moderna dedicada exclusivamente al expendio. El paquete analítico debería reflejar esa diferencia.
El suelo no es la única muestra importante
Hay otra pregunta crítica que suele quedar para el final y debería estar al principio: ¿dónde está la napa?
Si el agua subterránea se encuentra próxima y las condiciones geológicas permiten la migración, estudiar solamente suelo puede dejar la mitad del problema sin responder. En ese caso puede ser necesario instalar pozos de monitoreo, que permiten medir niveles, establecer aproximadamente la dirección del flujo subterráneo y tomar muestras de agua en posiciones diseñadas para entender el problema, no en cualquier lugar disponible.
Porque encontrar hidrocarburos en un punto es una cosa. Determinar si existe una pluma de contaminación y hacia dónde se mueve es otra completamente distinta.
Un resultado de laboratorio no es una investigación ambiental
Supongamos que una muestra informa determinada concentración de hidrocarburos. Todavía quedan abiertas casi todas las preguntas importantes: ¿es un punto aislado o continúa lateralmente? ¿Aumenta o disminuye con la profundidad? ¿Llegó al agua? ¿Está aguas arriba o aguas abajo del antiguo tanque? ¿Puede salir del predio?
Sin información espacial y geológica, el resultado químico queda incompleto. Por eso una buena investigación combina tres disciplinas: geología, hidrogeología y química ambiental. El laboratorio mide; la interpretación explica.
El suelo excavado es otro problema
También hay que distinguir entre caracterizar un sitio y caracterizar un residuo, porque no se rigen por la misma lógica.
La Ley 24.051 considera peligrosos aquellos residuos incluidos en sus categorías de control o que posean determinadas características peligrosas. Entre ellos aparecen los aceites minerales usados (Y8) y las mezclas o emulsiones de hidrocarburos y agua (Y9). Entre Ríos adhirió a esa ley mediante la Ley Provincial 8880/94 y cuenta con un registro provincial de generadores, operadores y transportistas bajo el Decreto 603/06.
Por eso un suelo excavado durante una remediación no debería clasificarse "por aspecto". Su gestión tiene que responder a su caracterización analítica y a la normativa aplicable, con la trazabilidad que corresponda.
Entonces, qué conviene pedirle al laboratorio
La respuesta profesional no debería ser una lista universal, sino una pregunta previa: definamos primero qué queremos investigar. El producto involucrado, la historia del sitio, la geología, la profundidad del agua subterránea y el uso futuro del terreno son los que determinan qué muestras tomar y qué analizar en cada una.
Pedir parámetros innecesarios aumenta costos. Pedir menos de lo necesario genera algo peor: una falsa sensación de seguridad, respaldada por papeles.
En investigaciones ambientales, el mejor análisis no es el que tiene más parámetros. Es el que ayuda a responder la pregunta correcta.
La serie completa
Esta nota forma parte de una serie de cuatro entregas sobre ex estaciones de servicio y pasivos de hidrocarburos:
1. [Ex estaciones de servicio: qué queda debajo del terreno cuando cierra el surtidor](https://blog.gexplo.com/blog/ex-estacion-de-servicio-que-queda-bajo-el-terreno) — el panorama general.
2. [¿Qué es un libre pasivo ambiental y por qué importa en una ex estación de servicio?](https://blog.gexplo.com/blog/libre-pasivo-ambiental-estacion-servicio) — qué exige la normativa y cómo se construye la evidencia.
3. ¿Qué análisis hacer en un suelo contaminado con nafta o gasoil? — estás leyendo esta.
4. [¿Se puede construir sobre un terreno donde antes hubo una estación de servicio?](https://blog.gexplo.com/blog/construir-terreno-ex-estacion-servicio) — desde el 12 de septiembre.
GEXPLO · Consultoría Geológica y Ambiental
Diseñamos investigaciones de suelo y agua subterránea asociadas con hidrocarburos, definiendo puntos de muestreo, parámetros analíticos e interpretación hidrogeológica según las características de cada sitio.
Si necesitás definir un plan de muestreo o interpretar resultados que ya tenés, escribinos a info@gexplo.com o por WhatsApp al +54 9 343 450-6385.
Este artículo tiene fines informativos, refleja la normativa vigente a la fecha de publicación y no reemplaza el asesoramiento profesional sobre un caso concreto. Los criterios de evaluación y los niveles guía deben verificarse según la jurisdicción y el uso del suelo. Normativa de referencia: Ley Nacional N.º 24.051 y Decreto Reglamentario N.º 831/1993; Ley Provincial N.º 8.880/94 y Decreto N.º 603/06 de Entre Ríos.