Escribo esto un domingo, como siempre. Y esta semana la tengo que ordenar alrededor de una conversación que no estaba en la agenda.
Recibimos en MiradorTEC la visita de Fundacion Grupo Petersen. No era una presentación preparada ni una reunión comercial: estábamos trabajando, como cualquier otro día, entre muestras de arena, computadoras y modelos tridimensionales a medio revisar. Y quizás justamente por eso terminó siendo interesante.
En algún momento empezamos a contar qué hacemos. Mostramos parte del trabajo con arenas, abrimos uno de nuestros modelos 3D, y pasó algo que no siempre pasa cuando uno trabaja con geología: se entendió rápido. Sin entrar en interpolaciones, variogramas ni discusiones metodológicas, pudimos explicar qué representa un modelo, con qué información se construyó y para qué sirve.
Me quedé pensando en eso toda la semana. Porque no es un detalle menor.
Un modelo no es una imagen linda
Los que trabajamos todos los días con información geológica nos olvidamos bastante seguido de lo difícil que es explicar lo que hacemos.
Un modelo tridimensional puede contener perforaciones, superficies, unidades geológicas, niveles de agua, información química, estructuras, propiedades del terreno. Detrás puede haber semanas de procesamiento y decisiones técnicas que nadie ve. Pero la persona que después tiene que tomar una decisión no necesita conocer cada paso matemático que usamos para construirlo.
Necesita entender otra cosa: qué sabemos, qué no sabemos, y qué decisión se puede tomar con eso.
Durante mucho tiempo confundí las dos cosas. Explicaba el método pensando que estaba explicando el resultado. Es un error bastante común en perfiles técnicos, y es caro: si el que decide no entiende qué está mirando, el modelo no sirve por más correcto que sea. Esta vez creo que conseguimos transmitirlo. Y me hizo pensar bastante en dónde aprendí a mirar así.
San Juan
Yo me recibí en San Juan.
Hoy GEXPLO tiene su base en Entre Ríos, pero buena parte de mi manera de entender la geología se formó en una provincia donde hablar de minería, exploración, perforaciones y modelos geológicos es parte natural del contexto profesional. Eso no se va. Probablemente explique por qué, cuando hoy hablamos de arenas, minerales o subsuelo, no los vemos solamente como productos o como muestras que entran al laboratorio: intentamos entender de dónde vienen, cómo se formaron, cómo varían espacialmente y qué información podemos sacarles.
Durante la visita apareció justo esa conexión. Poder explicar un modelo tridimensional nos permitió también explicar mejor cómo pensamos la minería dentro de GEXPLO: no desde una presentación comercial, sino desde la geología. Y cuando la conversación arranca desde ahí, el resto se acomoda solo.
Hacer esto desde Entre Ríos
Hay algo que me sigue resultando curioso. Estamos intentando desarrollar desde Entre Ríos proyectos bastante ambiciosos vinculados a geociencias, minería, energía, laboratorio y datos. Entre Ríos no es el primer lugar que alguien imagina cuando piensa en minería.
Pero tenemos arenas. Tenemos agua. Tenemos ríos y puertos. Tenemos geología, universidades, profesionales y empresas. Y tenemos una ubicación bastante interesante dentro de algunos de los corredores productivos más importantes del país.
Entonces la pregunta cambia. Ya no es qué recursos tenemos, sino qué conocimiento podemos construir alrededor de ellos. Esa diferencia es, más o menos, todo nuestro modelo de negocio.
Ciento tres muestras
Esta semana me acordé de un número.
Nuestro laboratorio es chico y todavía está creciendo, pero ya tiene ciento tres muestras de arenas distintas: distintas especies, distintas procedencias, distintos ríos y canteras. Cada una con su ingreso, su origen identificado y sus ensayos asociados.
Ciento tres muestras no es un dato de marketing. Es una colección, y juntarla lleva tiempo: hay que ir, pedir, recibir, identificar bien y guardar bien durante bastante tiempo. Cuando alguien nos pregunta cómo es la arena de una zona, no contestamos desde la bibliografía. Contestamos desde una bolsa que está en un estante, con un número.
Porque detrás de cada bolsa hay una historia geológica. Granulometría, morfología, resistencia, composición y procedencia no son variables sueltas: son información. Y cuando esa información se combina con modelos, ubicación, datos de campo y trazabilidad, empezamos a construir algo bastante más útil que un certificado. Empezamos a construir conocimiento sobre el material.
Una señal
Esta semana también nos invitaron a sumarnos como proveedores de Techint y Tecpetrol para tareas de fiscalización de arena.
Lo escribo con orgullo, no lo voy a disimular. Pero lo que más me interesa no son los nombres. Es lo que significa.
Hace tiempo decidimos que nuestro diferencial no iba a ser el precio ni el volumen, sino la trazabilidad: saber de dónde salió cada muestra, quién la manipuló, qué procedimiento se aplicó y cómo se llega desde ese material hasta el número que después firmamos. Es una apuesta incómoda. Cuesta plata, cuesta tiempo, obliga a documentar cosas que nadie mira, y durante mucho tiempo el mercado no te la pide.
Que compañías de esa escala nos convoquen para fiscalizar quiere decir que la apuesta empieza a valer. Nuestros documentos están empezando a llegar a manos que deciden cosas importantes. Y eso, más que cualquier factura, es lo que me confirma que vamos para el lado correcto.
Todavía estamos aprendiendo muchísimo, y probablemente sea lo que más disfruto de esta etapa. Cada proyecto nuevo nos obliga a investigar algo que no sabíamos, corregir un procedimiento, comprar un equipo o sentarnos a conversar con alguien que sabe más que nosotros.
La parte que no se ve
Estas últimas semanas vengo durmiendo bastante mal.
No hay una explicación dramática. Están pasando muchas cosas al mismo tiempo: proyectos, reuniones, decisiones, ideas nuevas, problemas para resolver y personas que dependen de que esas decisiones estén bien tomadas. Y hay una parte bastante particular de dirigir una empresa propia: cuando terminás de trabajar, la empresa sigue funcionando en tu cabeza.
Lo escribo porque esta bitácora nunca fue para mostrar que todo sale bien.
Estoy aprendiendo que dirigir no es tener ideas. Es elegir cuáles perseguir y, sobre todo, cuáles dejar pasar. Y decir que no cuando recién estás construyendo cuesta bastante más que decir que sí.
Sospecho que ahí está la mitad del insomnio: no en lo que hay para hacer, sino en la lista de cosas buenas que hay que dejar pasar para que lo importante salga bien.
Registrar el camino
GEXPLO todavía se está construyendo. Seguramente en algunos años muchas de las cosas que hoy nos parecen enormes van a parecer chicas, y por eso quiero registrar esta etapa mientras pasa. No solamente los anuncios grandes: también estos momentos.
Una visita que no estaba en agenda. Una conversación alrededor de una computadora. Ciento tres bolsas en un estante. Alguien mirando un modelo tridimensional y entendiendo en pocos minutos algo que llevó mucho tiempo construir.
La visita de Fundacion Grupo Petersen nos dejó esa sensación. Conocieron parte de lo que estamos haciendo con arenas y modelado 3D, aparecieron preguntas y encontramos varios puntos donde tecnología, formación técnica y desarrollo productivo pueden encontrarse. Todavía no sabemos adónde puede llevar. Y está bien: muchas de las mejores oportunidades empiezan exactamente así, con alguien que se acerca a preguntar qué están haciendo acá.
Y con nosotros aprendiendo, cada vez un poco mejor, cómo explicarlo.
